9 de mayo de 2011

Hubo una vez...


Hubo una vez un pequeño bebito que creció en el vientre de una mujer.



La felicidad por llevarlo en su interior la hacía resplandecer como la luna en la oscura
noche; ella irradiaba luz mientras lo acariciaba a cada oportunidad, lo arrullaba y le contaba
cuentos.
Lo amó tanto, que incluso antes de conocerlo, habría dado la vida por él.
Ese bebé nació, y la mujer se convirtió en madre.



Cada día de su vida, cuidó de su  adorado bebito, lo protegió, lo mimó y lo reprendió cuando fue
necesario.
Hizo del pequeño bebito un buen niño, y del niño un buen adulto.



Y, aunque a sus ojos su bebito nunca creció,
pues durante toda su vida lo continuó cuidando, protegiéndolo, mimándolo y reprendiéndolo
como siempre,
el bebito, convertido ya en hombre, nunca dejó de agradecerle,
porque a sus ojos,
 la ancianita en la que se había convertido la joven mujer que lo cargó en su vientre,
continuaba siendo, y por siempre sería,
la mujer más hermosa, joven y maravillosa que pudiera existir en el mundo; su madre.



No celebren este diez de mayo a sus madres, celébrenles cada día de sus vidas, porque ellas les dieron la vida, ellas los amaron, protegieron, cuidaron, mimaron y reprendieron cuando fue necesario, y aunque parezcan eternas, un día se irán de vuelta al cielo, como los ángeles que son…
¡Gracias mamá, por cada día de mi vida que te he tenido a mi lado!
Te quiero con todo el corazón,

Estrella

No hay comentarios: