6 de mayo de 2011

Alma Azul, Capítulo 5.



-¿No me vas a contar qué fue lo que Allan te dijo ayer?-Continuó insistiendo Maricarmen al día siguiente, mientras iban de camino a la cafetería de la escuela durante el receso.

-No.

-¿No nos vas a decir nada sobre lo que él te dijo? -Se unió Marijó.

-Nop.

-No es justo, ¡eres tan egoísta, Zarah! A veces eres como una espina en el cul…

-Buenos días, maestra Carmela-saludó Zarah a la directora de la escuela que justo iba pasando por allí en ese momento.

La mujer frunció el ceño, le dedicó a Marijó una mirada molesta y continuó con su camino, sin responder al saludo.
 
-¿Es que todas las maestras de esta cárcel tienen que parecer gendarmes?-Bufó Marijó, formándose en la fila para el almuerzo.

-Por algo es una cárcel-contestó Zarah.

-Bueno, es tarde, me tengo que ir-se despidió Maricarmen tras echarle una ojeada a su reloj.

-¿A dónde vas?-Le preguntó Marijó, sin darle tiempo de alejarse-. Se supone que tenemos práctica de básquetbol esta tarde.

-Ahí estaré puntual, soy la capitana, no puedo faltar-le dijo Maricarmen en su habitual tono pomposo que rebosaba responsabilidad.

-¿Entonces por qué te vas?

La respuesta llegó sola cuando vieron aproximarse a un guapo chico de sexto año, alto, moreno y de ojos profundos y hermosos.

Maricarmen le sonrió encantada y se alejó en su dirección, sin decirles nada a sus hermanas, sabía que hablar habría estado de más para explicar que tenía un nuevo novio.

-¿Otro novio?-Masculló Marijó, dirigiéndose a la cafetería junto a Zarah-. ¿Es que no puede estar un tiempo sin ningún tipo a su lado?

-Yo creo que son ellos los que no pueden estar sin Maricarmen a su lado-bromeó Zarah, aproximándose al montón de bandejas para tomar una, pero en el mismo momento su mano chocó con la de una chica que había llegado justo en ese instante, sin que la notara.

Zarah pegó un respingo al ver de quiénes se trataban y quién estaba a su lado: Raquel y Rebeca Abuleta, las gemelas de quinto más populares de la escuela, y mejores amigas de Allan, de pie junto a ellas.

-Fíjate-le reclamó la joven con la que chocó, tomando la bandeja.

Zarah frunció el ceño, sabía que era Raquel, sólo ella podía ser tan vil. Rebeca era otro asunto a solas, pero cuando se encontraba junto a su hermana, le seguía en todas las maldades a su gemela.

Ambas eran famosas en la escuela tanto por su belleza, intelecto y habilidad deportiva. La única persona con vida y que no era famosa que podía acercárseles en parecido era Maricarmen, aunque físicamente eran como dos polos opuestos; Raquel y Rebeca tenían el cabello rubio platinado, la tez clara y ojos de un azul celeste, que si tal vez le hubieran caído bien, Zarah habría admitido que era hermoso. Pero por el momento, le parecía un azul común y corriente sin ningún chiste.

-¿Por qué no te fijas tú?-Saltó Marijó, siempre en busca de pelea-. Zarah llegó primero.

-¿Por qué no le haces un favor al mundo y saltas de un barranco?-Le dijo Raquel con sorna, provocando que su hermana gemela soltara una risita burlesca.

Zarah sintió deseos de abalanzarse contra esa mustia, pero justo cuando iba a contestar, Marijó se le adelantó, siempre lista para la pelea.

-Con gusto salto si te llevo conmigo, sólo así le estaría cumpliendo el favor al mundo.

Raquel hizo rechinar los dientes, e iba a contraatacar cuando Allan se interpuso.

-Raquel no estés peleando ¿quieres?

A Raquel le pareció costarle un enorme esfuerzo el controlarse, pero lo logró hacer. Obviamente la presencia de Allan pesaba bastante para ella.

-Tienes razón, no debo rebajarme a discutir con niñitas-les dedicó una mirada de arriba debajo de lo más vil que consiguió obtener de su repertorio de miradas viles.

-Me refiero a que ellas tienen razón, tú te colaste en la fila-le dijo Allan, tomando la bandeja y entregándosela a Zarah-. Disculpen, lindas, no se lo tomen a pecho, Raquel no habla en serio.

-Sí, cómo no-musitó Marijó, aún enojada, aunque no pudo evitar dedicarle a Allan una sonrisa agradecida.

Zarah sonrió burlesca ante la mirada de sorpresa que Raquel le dedicó a Allan, sorpresa que se transformó en furia y luego en desdén cuando se alejó con la barbilla en alto, seguida por su inseparable hermana gemela.

-Me ponen de mal humor esas tipas ricas que se creen dueñas del mundo-bufó Marijó, pasando por alto la presencia de Allan-. Son como una estaca en el traser…

-¡Marijó!-La hizo callar Zarah, mirando a Allan con las mejillas encendidas-. Disculpa… Gracias por tu ayuda.

-Yo no hice nada, fue tu hermanita la que hizo todo.

-Oye, ¿a quién le dices hermanita? ¡Ya tengo trece años!

-Marijó…

-Tienes razón, lo siento, Marijó-sonrió Allan, provocando que incluso María José se ruborizara bajo esas mejillas pálidas y cubiertas de maquillaje blanco.

-Nos vemos luego, chicas-se despidió con la mano, alejándose en la dirección donde lo esperaban sus amigas.

Zarah lo siguió con la vista, prácticamente comiéndoselo con los ojos, hasta que su mirada se topó con Raquel, quien no había perdido detalle de ellos, e inmediatamente saltaron chispas de furia en el aire.

En cuanto Allan llegó junto a ellas, la mirada de Raquel se suavizó, y tomándolo del brazo a propósito para molestar a Zarah, juntos salieron de la cafetería, riendo y hablando como siempre.

Zarah entrecerró los ojos, apretando los dientes furiosa.
 
De la nada las puertas de la cafetería se cerraron de golpe, y una fue a darle a Raquel directo en las posaderas, lanzándola lejos contra la pared.

Se escucharon algunas exclamaciones y varias risas ahogadas cuando la chica se levantó sin daño alguno, pero bastante embarazada por lo sucedido, y arreglándose a toda velocidad el peinado, se alejó a toda carrera por el pasillo en compañía de su hermana.

Zarah también rió, más llevada por las carcajadas contagiosas de Marijó que por otra cosa, pero al notar la expresión en el rostro de Allan al volverse a mirarla, la sonrisa se borró por completo de su rostro.

Él la miró de una manera extraña; no con enojo, no de manera amistosa, sino de una forma que le provocó calosfríos; la suya era una mirada intensa e inescrutable que ella no alcanzó a interpretar en esos brillantes y penetrantes ojos negros, pero que sin ninguna duda significaba algo.

No sabía cómo, pero lo sabía…

Sin embargo, tan rápido como siempre, él se volvió y se alejó, sin darle tiempo de pensar en nada más, ni contemplar por más tiempo esos ojos que le habían provocado que se le detuviera el corazón por un par de segundos.



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Les recuerdo que esta novela es un borrador, está tal cual la escribí. Una disculpa si encuentran algún error.

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