22 de abril de 2011

Alma Azul, Capítulo 1

Alma Azul


CAPÍTULO 1



-Cabezota, ¡esa maestra es una cabezota!-Rezongó Zarah, caminando furiosa por el pasillo rumbo al aula-. No explica nada y pretende que nos aprendamos treinta hojas de un libro para presentarlas en el examen como si fuéramos unas expertas en física o algo por el estilo…

Se sentó en una banquita fuera del salón de clases y abrió una vez más el libro, haciéndose a un lado un mechón de cabello que le caía al rostro. Odiaba su cabello, bien podía tener un color bonito, un extraño matiz castaño con visos rojizos, pero nunca parecía dispuesto a quedarse fijo en su lugar, como si tuviera vida propia y necesitase ponerse a flotar como una bandera en derredor de su rostro. Al menos sus ojos eran bonitos, o eso suponía; de un extraño color verde, podían pasar del más claro tono verde agua hasta un marrón casi negro, provocado por su estado de ánimo, igual que esos anillos “mágicos” que supuestamente muestran el humor de una persona. De esa manera, nadie podía saber cuál era su color de ojos, cosa que le provocaba bastante diversión, como en la ocasión en la que su madre la llevó a sacarse el pasaporte y el hombre debió corregir el color de ojos a castaño al ver su fotografía y nuevamente a verde cuando la vio de frente, provocando que un trámite sencillo de no más de quince minutos tardara un par de horas.

Pero ese no era el momento de pensar en el pasaporte, el color de sus ojos o la forma de su cabello. Tenía que concentrarse en la física, por más que la odiase.

-¡La odio, la odio…!-Repitió molesta, cambiando de página cuando definitivamente captó que, por más que releyera una y otra vez la anterior, no se le pegaría nada.

-No te enojes, ya sabes que esa maestra siempre ha sido así-le dijo Susana, una de sus dos mejores amigas, tomando asiento a su lado. 

Susana era una chica de baja estatura, pero gran personalidad, sin importar cómo, siempre lograba hacerse notar entre la gente; alegre y cariñosa, se ganaba la simpatía de la mayoría de las personas a las que conocía sin mayor esfuerzo. Aunque ella, tanto como Zarah, odiaba a esa maestra de física, que parecía encaprichada en lograr hacer reprobar a todos sus estudiantes.

-Esa… nariz de enchufe…-masculló Zarah, cambiando nuevamente de hoja-. Seguramente tiene las fosas nasales tan grandes como un medio para oler el miedo y la frustración de sus estudiantes y regodearse con él, igual como ese muchacho del libro de El Perfume.

Susana soltó una risita y bajó el libro que hasta entonces había mantenido frente a la cara.

-¿Por qué te ríes?-Le preguntó Zarah con sorna, a pesar de que ella también reía-. No dudo que pueda hacerlo, igual que un perro entrenado para oler el miedo. ¿No has visto cómo sonríe durante el examen al ver nuestras caras de congoja? Le encanta que suframos con sus exámenes. Y lo peor es que seguramente reprobaré también este examen y me iré a extraordinario-gruñó, cambiando una vez más de página.

-Lo importante es que trajiste el trabajo final o no podrías presentar el examen, vale el cincuenta por ciento de la calificación.
-Ni loca habría faltado de traer esa tarea, mi madre me cuelga si vuelvo a reprobar física… ¡Mira, allí viene María!

Ambas chicas se volvieron para recibir a una joven que iba llegando en ese momento, era alta y un tanto regordeta, de rostro bonito, piel muy blanca, ojos castaños y cabello negro muy revuelto por los rizos. Debía de haber emprendido una buena carrera para llegar a la escuela pues sudaba copiosamente y resollaba al subir los últimos peldaños de la escalera para reunirse con sus amigas.

-¿Qué te ha sucedido? Pareciera que acabas de correr un maratón- bromeó Zarah, ayudándola a cargar su mochila y echándole aire con su propio libro en el rostro, temiendo que la chica fuera a desmayarse en cualquier momento-. ¿Por qué no te sientas un momento?

-No puedo, tengo que ir a hacer el trabajo para el examen.
-¿Quieres decir que no lo hiciste?-Susana palideció-. ¡Vale el cincuenta por ciento de la calificación! Sin mencionar que sin él, no tienes derecho a examen.

-Es cierto, María, ¿cómo pudiste olvidarlo?-Le preguntó Zarah, sinceramente preocupada.

-No pude, no tuve tiempo en mi casa…

-Me hubieras dicho y te lo hubiera hecho yo-Zarah la miró con cierta lástima. El padre de María había muerto hacía un tiempo, y ahora sabía que ella y su familia atravesaban una situación económica complicada. María ayudaba a su madre a atender una pequeña cafetería familiar por las tardes y los fines de semana, y el trabajo en más de una ocasión le dificultaba cumplir con sus deberes escolares-. ¿Qué harás ahora? Faltan menos de cinco minutos para que empiece la clase.

-Y el examen-añadió Susana.

Zarah la miró con expresión completamente seria, pidiéndole sin palabras que guardara silencio.

-No necesito que me lo recuerdes-le dijo María, dando voz a lo que Zarah pensaba-. No sé qué haré… Tendré que inventarme una excusa… 

-Podría ser que se murió alguien-opinó Susana, llevándose un dedo a los labios-. Eso siempre sirve. La semana pasada Paty fue disculpada de presentarse a la clase de inglés cuando le avisaron que su tía abuela había muerto.

-Eso podría servir… ¿No dijiste que se había muerto una tía tuya?-Le preguntó Zarah a María, al tiempo que un brillo singular se encendía en sus ojos.

-Sí, bueno, no tía en realidad, era una amiga de mi mamá…
-Es tu tía-puntualizó Zarah-. Perfecto, ni siquiera tendrás que mentir. Sólo cambiaremos los hechos un poco.

-¿Cómo?

-Dirás que murió el fin de semana, fuiste al funeral y al entierro, y obviamente no tuviste tiempo de hacer la tarea-declaró Zarah con voz de triunfo.

-Pero sólo decirlo no bastará, tiene que verse triste… llorar o algo, ¿no les parece?-Opinó Susana, echándole una mirada escrutadora a su amiga sentada a su lado-. ¡María, ponte a llorar!

-¿Cómo pretendes que me ponga a llorar de la nada? No soy actriz-replicó María con enfado.

-Sólo piensa en un enorme cero en tu boleta de calificaciones y a la reprimenda que te pondrá tu madre cuando se entere, y te darán ganas de llorar-bromeó Zarah, pero su respuesta fue recibida por el mismo rostro huraño que María le había dedicado a Susana-. Bien, bien. Pensemos…-Zarah se llevó un dedo a los labios, mirando en derredor, como si se de esa manera fuera a encontrar algo que hiciera llorar a su amiga.

Su vista se detuvo en una maceta cercana y una instantánea sonrisa se dibujó en sus labios, al tiempo que un brillo singular se encendía en sus ojos, tornándolos de un color verde intenso.

-Oh, oh… -murmuró María, mirando por el rabillo del ojo a Susana, quien también se había puesto pálida.

-¿Qué estás pensando ahora, Zarah?-Le preguntó Susana con voz un tanto temblorosa. No era la primera vez que a su amiga se le ocurría una idea descabellada…

-No me miren de esa manera, confíen en mí-replicó Zarah, tomando a María de la mano para llevarla con ella-. Todo va a salir estupendamente, ya verás.

-Eso dijiste la última vez, y terminé con mayonesa en el cabello.

-Oye, la revista decía que era estupenda para quitar la caspa.

-Pero terminé con más caspa que nunca, y el pelo impregnado con olor a limón por una semana.

-Me encanta el olor a limón, ¿a ti no?-Zarah sonrió a sus dos amigas, quienes la miraban con gesto aún preocupado-. Bien, si no quieren seguir mi idea, allá ustedes. ¿Qué se les ocurre entonces?

María y Susana se miraron por un par de segundos y suspiraron, derrotadas.

-¿Qué tienes en mente?-Terminó por preguntar María, dando un paso adelante con la cabeza muy erguida, demostrando valentía.

-Esto…-Zarah tomó un puñado de tierra de la maceta y lo acercó al rostro de su amiga-. Abre bien los ojos.

-¿Qué…?-Antes de que María pudiera hacer nada, Zarah le tiró la tierra a los ojos.

María pegó un leve gritito de susto, llevándose ambas manos a la cara para limpiarse la tierra que se había quedado impregnada a su piel.

-¿Pero qué has hecho…?-Masculló María, sintiendo que los ojos le ardían como si los tuviera al rojo vivo.

-Excelente, ¡estás llorando!-Sonrió Zarah.

María iba a replicar cuando justo sonó el timbre anunciando el inicio de las clases. No tuvieron tiempo de decirse nada, la maestra Nancy, su profesora de física, apareció en ese mismo instante por el pasillo, y todos los chicos se apuraron en entrar al salón.

-Suerte…-le susurró Zarah a su amiga antes de escabullirse por la puerta, junto a los otros.

María tuvo deseos de soltarle una palabrota, pero se aguantó, y se mantuvo de pie junto a la puerta hasta que la maestra hubo llegado a su lado. Pero sirvió, estaba llorando, y el resto sólo consistió en un poco de drama y actuación. Le contó lo sucedido con su tía, como Zarah le había dicho, todo había sido cierto, sólo debió cambiar los días de lo acontecido al pasado fin de semana.

Funcionó, la expresión severa de la maestra se suavizó, aunque aún mantenía una ceja arqueada, notando con extrañeza las lágrimas negras y los surcos que iban quedando marcados en el rostro de la joven, aún cubierto por una capa de tierra.

-Bien, María-dijo al fin, cuadrándose como un militar-. Te paso la falta de tarea por esta vez. Ve a lavarte la cara y regresa para hacer tu examen.

-Sí, maestra-contestó María, secándose las últimas lágrimas antes de abandonar el salón.

Al salir, su mirada se topó con la de Zarah y Susana, y juntas compartieron una sonrisa de complicidad.

-Bien muchachos, guarden todo. Empieza el examen-vociferó la maestra, comenzando a pasar los exámenes por los pupitres.

La sonrisa de Zarah se borró al instante. Se había olvidado de todo por un momento en el intento de ayudar a su amiga.

Ahora la realidad le azotaba en el rostro de una manera más dura que ese puñado de tierra en el rostro de su amiga.

-Odio la física…-masculló tomando su lápiz y dando vuelta el examen para comenzar la tortura de ese día.

Y por lo que notó con sólo palpar el número de hojas en el que consistía el examen, sería una laaarga tortura.






ESTA NOVELA ESTÁ PROTEGIDA.


(Les recuerdo que esta novela es un borrador, está tal cual la escribí. Una disculpa si encuentran algún error).

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Trey! soy tu fan! me encanta como escribes! te quiero

Anónimo dijo...

ahh soy vivi pero no me deja poner el nombre jejej

Anónimo dijo...

hola! mi nombre es Constanza y soy de Argentina, leí tu nota en Escribe Romántica, y entonces encontré tu blog y acabo de leer el primer capitulo de Alma Azul, y me encanto!
Soy fanática del genero romántico y me encanta leer y escribir también.
Sigue trabajando como hasta ahora! tienes mucho talento!
Saludos!

Estrella dijo...

¡Hola Constanza! Perdona la super tardanza en contestar, no había visto tu mensaje :P Te agradezco muchísimo tus palabras, qué alegría que te gustara el capítulo, espero que te animes a leer completa la novela :)
Te mando un abrazo gigante :D
ESTRELLA